Hoy, mientras estaba parada sola, casi distraída, en medio de la cocina, se me llenó el cuerpo de vacío.
Fue como un escalofrío, una sensación intensa y fugaz que me desbordó el espíritu y me recorrió la parte media de la espalda.
Y así fue como me di cuenta de que, ya sea por pereza, por soledad, por convención, por frialdad, o simplemente por costumbre, hace realmente mucho tiempo que nadie me da un abrazo.
¿Tendré que llamar a los Telechubies?
A esos mejor no darle la espalda...